5.-) La Comunicacion y la Equidad:
No cabe duda de que la información es un bien (commodity)
que repercute en el bienestar de las
personas. La relación
no es sencilla,
sin embargo. Las
primitivas formulaciones del desarrollo, populares hace algunos lustros,
fundamentaban la necesidad de la investigación científica porque más
conocimientos significaban más riqueza y más riqueza implicaba una mayor
felicidad. El lema positivista de “ver para prever, prever para proveer”
equipara la cantidad
de información con una
mayor capacidad para
superar problemas, que a
su vez redunda
en mayor satisfacción humana.
El concepto del “desarrollo” suplantó al del “progreso”,
que el positivismo clásico postuló como meta de la humanidad. Las “etapas” del
progreso científico y moral debían ser cumplidas por todas las sociedades de
manera relativamente uniforme. Aun reconociendo que algunas sociedades
desarrolladas (por definición más ilustradas y más felices) han cometido
algunos errores que las que están en desarrollo podrían conocer y evitar, a las
primeras se las presenta como el desiderátum de la perfección humana y el
modelo que debe emularse.
Muchas de las presunciones en que se basa este punto de
vista son discutibles en un sentido lógico y ético. En primer lugar, la
secuencia información- riqueza-bienestar está lejos de ser convincente, entre
otras razones porque la información es solo uno de los constituyentes del
conocimiento, el cual
se caracteriza más
por la estructura
y el ordenamiento de la
información que por su cantidad. El conocimiento es información organizada en
torno a intereses
y valores sociales.
No puede afirmarse que las sociedades más
desarrolladas sean aquellas donde predomina el conocimiento. Aúnen las más
complejas y evolucionadas, o en las mejor “alfabetizadas”, hay ignorancia,
prejuicio, superstición e ideas primitivas. El conocimiento no está
uniformemente distribuido en la población, de modo que la capacidad para utilizarlo y
ampliarlo no es homogénea
ni uniforme. Tampoco
puede sostenerse que los valores que fundamentan el trato humano sean
reconocidos y aceptados por todos los miembros de esas sociedades. Falta
resolver en ellas dilemas perennes de la condición humana;
hay disensiones internas,
violencia e injusticia,
desprecio por los derechos de las personas e
insatisfacción. La premisa de que la información se vincula con el bienestar
debe, por ende, ser examinada desde un punto de vista antropológico amplio y
puesta en relación con la acción social
orientada hacia obtener algún valor. Ninguna “educación” a
ciegas, sin metas
sociales, produce de
forma automática la
deseada satisfacción o el
esperado bienestar que los panegiristas del
desarrollo ingenuamente han destacado.
La equidad en
materia de información
pasa por reconocer
que el conocimiento, que es
información articulada, exige procesos
de comunicación, en los cuáles la
praxis de las profesiones y las organizaciones profesionales debe tener activa
participación.
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