sábado, 20 de agosto de 2016

La Comunicacion y la Equidad.

5.-) La Comunicacion y la Equidad:

No cabe duda de que la información es un bien (commodity) que repercute en el bienestar   de   las   personas.   La   relación   no   es   sencilla,   sin   embargo.   Las   primitivas formulaciones del desarrollo, populares hace algunos lustros, fundamentaban la necesidad de la investigación científica porque más conocimientos significaban más riqueza y más riqueza implicaba una mayor felicidad. El lema positivista de “ver para prever, prever para proveer” equipara  la  cantidad  de  información con  una   mayor  capacidad  para  superar problemas,   que   a   su   vez   redunda   en   mayor   satisfacción   humana. 

El   concepto   del “desarrollo” suplantó al del “progreso”, que el positivismo clásico postuló como meta de la humanidad. Las “etapas” del progreso científico y moral debían ser cumplidas por todas las sociedades de manera relativamente uniforme. Aun reconociendo que algunas sociedades desarrolladas (por definición más ilustradas y más felices) han cometido algunos errores que las que están en desarrollo podrían conocer y evitar, a las primeras se las presenta como el desiderátum de la perfección humana y el modelo que debe emularse.

Muchas de las presunciones en que se basa este punto de vista son discutibles en un sentido lógico y ético. En primer lugar, la secuencia información- riqueza-bienestar está lejos de ser convincente, entre otras razones porque la información es solo uno de los constituyentes   del   conocimiento,   el   cual   se   caracteriza   más   por   la   estructura   y   el ordenamiento de la información que por su cantidad. El conocimiento es información organizada   en   torno   a   intereses   y   valores   sociales.  

No   puede   afirmarse que las sociedades más desarrolladas sean aquellas donde predomina el conocimiento. Aúnen las más complejas y evolucionadas, o en las mejor “alfabetizadas”, hay ignorancia, prejuicio, superstición e ideas primitivas. El conocimiento no está uniformemente distribuido en la población, de modo que la capacidad para  utilizarlo y  ampliarlo  no es  homogénea  ni  uniforme.  Tampoco  puede sostenerse que los valores que fundamentan el trato humano sean reconocidos y aceptados por todos los miembros de esas sociedades. Falta resolver en ellas dilemas perennes de la condición  humana;   hay  disensiones   internas,   violencia   e   injusticia,   desprecio   por   los derechos de las personas e insatisfacción. La premisa de que la información se vincula con el bienestar debe, por ende, ser examinada desde un punto de vista antropológico amplio y puesta en relación con la  acción social orientada hacia obtener algún valor. Ninguna “educación”   a   ciegas,   sin   metas   sociales,   produce   de   forma   automática   la   deseada satisfacción  o   el   esperado bienestar que los  panegiristas   del   desarrollo   ingenuamente han   destacado.   La   equidad   en   materia   de   información   pasa   por   reconocer   que   el conocimiento, que es información articulada, exige procesos  de comunicación, en  los cuáles la praxis de las profesiones y las organizaciones profesionales debe tener activa participación.

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